Escocia. Por fin. Tras enamorarme de las novelas de Irvine Welsh y de algunas de las mejores bandas que la escena musical de Glasgow ha sacado en los últimos tiempos, he tenido la oportunidad de viajar una semana por este maravilloso país gracias a un nuevo cliente recientemente llegado a bordo. Escocia, un país que ya amaba sin haber estado y que me ha demostrado que no iba nada mal encaminado.
No os daré la chapa con los maravillosos establecimientos en los he tenido el honor de alojarme, ni os contaré lo impresionante que son los campos de golf de allí (no soy un gran fan del golf) ni lo que se siente al ver un bar con 280 diferentes whiskies (no soy un gran fan del whisky).
Lo que quiero contar son las 6 cosas más raras y que más me han llamado la atención durante la excursión. Una constante: el acento escocés. Algo suave en Edimburgo, complicado conforme íbamos subiendo hacia el Inverness, espectacular el Glasgow. Espectacular, una prueba de fuego para cualquiera que considere tener un buen nivel de inglés.
Vamos con las curiosidades, en orden de aparición.
1) ¿Mesa o Bañera?
No hay nada como llegar después de un largo viaje y disfrutar de una pinta de Ale local en el The Scotsman Hotel, en su día sede del diario escocés. El fuego encendido, el bar desierto y esta mesa allí esperándome: la estatua de una chica, leyendo un libro en una bañera, incrustada en una mesa de cristal. Una vela encendida colocada justo allí. ”Empieza bien el viaje…”
2) En Prestonfield no faltan los detalles curiosos, algunos tirando al kitsch, pero… ¿cómo no fijarse en esta mano negra sujetando las cortinas? Más de uno se pegará un buen susto…
3) “Parece que en Escocia el lujo se mide por la cantidad de cojines en las camas de lassuites”. Si su frase es cierta, el director de Prestonfield puede presumir de la suite más preciosa de todo el Reino Unido… (llegué a contar 11 cojines para una sola cama)
4) Pub de Edimburgo, lunes por la noche y música en directo (¿Hola España?) las pintas no se hacen de rogar y, cómo no, de vez en cuando hay que bajar al baño. Siempre he sido partidario de los anuncios en los lavabos de hombres, creo que son muy eficaces y que “en faena metido” no te quede otra que leer lo que tienes delante. Pero fijaros en el nombre de la empresa que gestiona los anuncios, no tiene desperdicio.
5) Puedes ir a un pueblo de pescadores a visitar un hotel, sin avisar, y encontrarte por el camino con todo el abanico de maravillas de la naturaleza que ofrece Escocia. Puedes llegar al hotel y ver que está cerrado y sin embargo ver a un señor que está allí dentro trabajando entre cubos de agua y restos de lo que parece haber sido una tormenta. Efectivamente, “la tormenta de
principios de enero, nos ha volado el tejado e inundado el hotel. Estamos intentado arreglar los desperfectos para abrir en marzo”. Lo mejor estaba por venir, cuando desde la ventana nos enseñó una isla diciendo “Esa es Jura, donde Orwell escribió 1984.” “¿¿Cómo??” Uno de mis libros favoritos, que se llama como el año en que nací, se escribió a escasos metros de nosotros. Por allí sigue viviendo el sobrino del escritor, la opinión que nuestro amigo no es muy buena, ya que lo define literalmente un “miserable bastard”.
6) ¿Habéis oído hablar nunca de un “concurso de terneras”? Yo no, hasta conocer a
Justine, el chef del Turnberry Hotel. Australiano que lleva 10 años en Glasgow (haceos una idea del acento del chaval…) nos dio una clase magistral de cómo elegir las materias primas que una vez preparadas convierten al restaurante de este hotel en todo una referencia gastronómica del país. Dudo de que un día me toque ser jurado en un concurso así, pero espero volver pronto a visitar a Justine – a la derecha en la foto - porque nunca jamás en la vida me había comido un filete así.
Let it be.

















